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Hacia una Transición Energética Soberana: El rol estratégicode las centrales nucleares e hidroeléctricas y el potencial delos SMR en el ecosistema productivo nacional

Autor: Agustín Mattaruco | Alumno de la Diplomatura

1. Introducción: El paradigma de la transición en clave soberana. En el debate contemporáneo sobre el cambio climático, la transición energética suele presentarse desde los grandes centros de poder global como un proceso lineal y técnico de sustitución de fósiles por renovables intermitentes. Sin embargo, para un país como Argentina, con una densidad tecnológica acumulada en sector estratégicos, este proceso no puede pensarse desde una receta importada. Debemos abordarlo desde el paradigma de una transición energética en clave soberana, que privilegie las capacidades nacionales adquiridas.

Como señala la Dra. Adriana Serquis (2024), las decisiones sobre la matriz energética deben garantizar un equilibrio cuadrado entre la seguridad energética (disponibilidad y soberanía), la equidad energética (asequibilidad), la sostenibilidad ambiental y, fundamentalmente, la oportunidad de desarrollo tecno-industrial. Esta visión se alinea con lo que la Agencia Internacional de Energía denomina”neutralidad tecnológica” en su informe The Path to a New Era for Nuclear Energy , donde se reconoce que no existe una única vía para la descarbonización y que las capacidades nacionales acumuladas deben ser el punto de partida de cualquier estrategia de transición.

En este marco, las centrales nucleares e hidroeléctricas no son meras fuentes de generación; son el sustento físico y tecnológico que permite que Argentina transite hacia una matriz baja en emisiones sin desmantelar su base industrial ni ceder su autonomía en el diseño de soluciones energéticas. Como argumentan Serquis y Stanckevicius en “La continuidad del sector nuclear argentino”, la preservación y expansión de estas capacidades constituyen una cuestión de Estado que trasciende los ciclos políticos y se inscribe en una estrategia de desarrollo autónomo de largo plazo.

  1. La Hidroelectricidad: Gestión del recurso y activo estratégico
    La energía hidroeléctrica representa, históricamente, el pilar de la generación renovable de base en Argentina. Según los datos aportados por el Lic. Isidro Baschar (2024), la hidroelectricidad representa aproximadamente el 24% de la generación nacional, siendo una fuente madura y eficiente. Esta participación posiciona a Argentina dentro de un grupo selecto de países que han logrado desarrollar capacidades de ingeniería de grandes obras hidráulicas, tal como documenta el Inventario de Presas y Centrales Hidroeléctricas de la República Argentina de la Subsecretaría de Recursos Hídricos.

El Ing. Juan Sebastián Ferreyra Mora (2024) destaca que la importancia de estas centrales radica en su carácter multifuncional. A diferencia de otras fuentes, un aprovechamiento hidroeléctrico no solo genera energía sino que es, también, una herramienta de ordenamiento territorial. Vallarino Cánovas del Castillo señala, en su Tratado Básico de Presas, que estos proyectos constituyen infraestructuras críticas cuyas finalidades incluyen:

● Abastecimiento de agua potable y riego: Vital para el desarrollo de economías regionales en zonas áridas, como ha demostrado la experiencia de obras en las cuencas del Comahue y Cuyo.
● Control de crecidas: Mitigación de catástrofes naturales en cuencas críticas, función que cobra especial relevancia ante el aumento de eventos climáticos extremos.
● Regulación de frecuencia: Capacidad de respuesta rápida ante picos de demanda, actuando como reserva giratoria del sistema.

 La Declaración de ICOLD (Comisión Internacional de Grandes Presas) sobre Presas y Medio Ambiente reconoce que, cuando son adecuadamente planificadas y gestionadas, estas obras pueden contribuir significativamente al desarrollo sostenible sin comprometer la integridad de los ecosistemas. No obstante, esta infraestructura crítica requiere un control permanente.

Sebastián Martín Juncal (2019) advierte en su trabajo para el ORSEP que la seguridad de las presas es una dimensión de la soberanía nacional. El envejecimiento de algunas obras y la necesidad de un marco regulatorio moderno para la fiscalización son desafíos que el Estado debe liderar. Según el Inventario de Presas Argentinas (ORSEP, 2020), el país cuenta con más de 130 grandes presas, muchas de las cuales requieren programas de modernización y refuerzo estructural para garantizar que este recurso siga siendo un pulmón de la matriz energética argentina durante las próximas décadas.

3. Estabilidad y Resiliencia: El valor técnico de la Inercia Rotacional

Un aporte técnico fundamental para justificar la necesidad de las centrales nucleares e hidráulicas es el concepto de inercia rotacional, desarrollado por el Ing. Enrique Murguia (2024). En un sistema eléctrico, la estabilidad de la frecuencia depende de la masa mecánica en rotación. Las centrales nucleares e hidráulicas operan con grandes turbogeneradores que poseen una inercia física masiva. Esta inercia actúa como una reserva de energía cinética que se opone de manera inmediata a las variaciones de frecuencia del sistema (SADI).

Según Murguia, este es el “Talón de Aquiles” de las fuentes renovables no convencionales (eólica y solar), las cuales se conectan mediante electrónica de potencia y carecen de inercia natural. Este fenómeno está ampliamente documentado en la literatura técnica internacional. La IEA, en su informe sobre la nueva era nuclear (2025), señala que los sistemas eléctricos con alta penetración de renovables intermitentes enfrentan desafíos crecientes de estabilidad que solo pueden ser compensados mediante generación sincrónica convencional o, alternativamente, mediante costosos sistemas de almacenamiento y servicios auxiliares.

La experiencia de sistemas eléctricos aislados como el de Australia del Sur, que experimentó un apagón masivo en 2016 debido a problemas de estabilidad durante un evento climático extremo, ilustra los riesgos de reducir prematuramente la capacidad de generación con inercia rotacional. Si Argentina incrementara su cuota de renovables intermitentes sin sostener su base nuclear e hidráulica, el sistema se volvería más vulnerable.

Por lo tanto, estas centrales funcionan como un “seguro de vida” que permite integrar de manera segura las fuentes variables, garantizando que el suministro industrial no sufra interrupciones catastróficas ante un cambio brusco en la velocidad del viento o la nubosidad. Esta complementariedad técnica es esencial y no puede ser sustituida mediante soluciones tecnológicas importadas sin considerar los costos sistémicos que implicaría reemplazar los servicios que naturalmente proveen estas fuentes.

4. Energía Nuclear: Dominio Tecnológico frente al Cambio Climático

La energía nuclear argentina es el caso paradigmático de lo que el Dr. Rodolfo Kempf (2024) define como el “renacer nuclear en el mundo”. Con más de 70 años de trayectoria, Argentina ha logrado lo que muy pocos países emergentes: el dominio del ciclo completo del combustible. Como documentan Hurtado y Harriague en “El sector nuclear en la Argentina” (2017), este logro es resultado de una política de Estado consistente que, pese a vaivenes presupuestarios, logró construir capacidades institucionales únicas en la región a través de la CNEA e INVAP.

Desde la perspectiva de la sostenibilidad, el Ing. José Luis Antúnez (2025) plantea que en la lucha contra el cambio climático “lo que se prohíbe no es quemar, sino emitir”. La energía nuclear es la única fuente de alta potencia con factor de carga superior al 90% que no emite CO₂ durante su operación. Esta característica fue reconocida formalmente en la COP28 de Dubai, donde más de 20 países firmaron una declaración para triplicar la capacidad nuclear mundial para 2050, reconociéndola como herramienta indispensable para alcanzar las metas de neutralidad climática (Kempf, 2024).

Como señala Antúnez, la atmósfera tiende a equilibrarse, pero el ritmo de las emisiones humanas requiere fuentes limpias de base. La intermitencia de las renovables convencionales implica que, en ausencia de nuclear o hidráulica, los sistemas deben recurrir a generación fósil de respaldo, como ha ocurrido en Alemania tras el cierre prematuro de sus reactores, donde el uso de carbón se incrementó temporalmente.

La soberanía nuclear argentina se manifiesta en la capacidad de la CNEA documenta los avances en proyectos estratégicos como el RA-10 (reactor multipropósito de investigación), el Centro Argentino de Protonterapia, y la continuidad del proyecto CAREM. Como señalan Giniger y Kempf en Libre de Humo (2022), esto evita la dependencia de patentes extranjeras y permite que la inversión energética traccione a la industria metalmecánica local, convirtiendo la transición energética en un motor de empleo calificado y exportación de tecnología con alto valor agregado.

Zappino (2023) analiza en “Ingeniería y desarrollo en el sector nuclear” cómo esta capacidad tecnológica no solo genera divisas por exportación de conocimiento, sino que constituye una plataforma de innovación que irradia hacia otros sectores industriales, desde la metalurgia hasta la electrónica avanzada y los sistemas de control.

5. El Desafío de los SMR: Innovación ante las barreras financieras

A pesar de sus ventajas, el desarrollo nuclear a gran escala enfrenta obstáculos estructurales. Isidro Baschar (2024) identifica con claridad que los bancos de desarrollo y las calificadoras de riesgo suelen evitar el fondeo de grandes proyectos nucleares debido a la magnitud de la inversión inicial y los largos plazos de construcción. Esta barrera financiera es reconocida internacionalmente; el documento de la OIEA Milestones in the Development of a National Infrastructure for Nuclear Power (2024) identifica el financiamiento como uno de los principales desafíos que enfrentan los países en desarrollo que buscan expandir sus programas nucleares.

Ante esto, los Small Modular Reactors (SMR), como el proyecto CAREM y el diseño ACR-300 de INVAP, representan una posibilidad estratégica y una ventana de oportunidad para la Argentina frente a la limitante financiera internacional. El reporte de la OECD-NEA SMRs for Mining: Opportunities and Challenges for Small Modular Reactors (2024) analiza cómo los reactores modulares ofrecen:

● Seguridad Pasiva: Utilizan principios físicos (convección natural) para enfriar el núcleo, eliminando la posibilidad de ciertos accidentes como los ocurridos en Three Mile Island o Fukushima.

● Facilidad de Financiamiento: Su construcción por módulos permite que la inversión sea escalable, reduciendo el riesgo financiero asociado a megaproyectos.

● Cercanía al Consumo: Pueden ubicarse en nodos donde la red es débil o donde existe una demanda industrial puntual de alta intensidad, como zonas mineras o polos petroquímicos.

El documento técnico de la OIEA Considerations for the Back End of the Fuel Cycle of Small Modular Reactors (2023) aborda además un aspecto crítico como la gestión de residuos radiactivos en reactores modulares, demostrando que estos diseños no solo son más seguros operativamente, sino que también simplifican el ciclo de combustible y la disposición final de desechos, un tema sensible en términos de licencia social.

Como señala Gringauz (2017) en “Consensos esquivos”, la gestión de residuos radiactivos ha sido históricamente uno de los puntos de mayor resistencia pública en Argentina, y los SMR ofrecen una oportunidad para construir una narrativa de consenso y técnicamente sólida sobre este aspecto.

6. Propuesta: Vaca Muerta como motor financiero del desarrollo industrial de SMR

Como aporte de este trabajo, se propone que la importancia estratégica de las centrales nucleares se materialice a través de un Plan Nacional de Industrialización de SMR con financiamiento basado en la renta de Vaca Muerta. Esta propuesta reconoce que el principal obstáculo para el desarrollo nuclear en Argentina no es tecnológico —las capacidades de CNEA e INVAP están probadas— sino financiero.

Vaca Muerta representa la mayor fuente de divisas y recursos fiscales que Argentina tendrá en las próximas décadas. Según proyecciones del sector, la producción de gas y petróleo no convencional podría generar ingresos de dólares anuales de la magnitud del actual complejo agroexportador una vez consolidada la infraestructura de exportación. La propuesta consiste en direccionar una fracción estratégica de estos recursos hacia un proyecto de industrialización nacional de SMR mediante un esquema público-privado.

6.1. Modelo de Financiamiento: Sociedad Estratégica Público-Privada

Siguiendo la visión de Baschar sobre “sociedades complementarias”, se propone crear un Fondo Nacional de Desarrollo Nuclear nutrido por:

Regalías de Vaca Muerta: Un porcentaje específico de las regalías hidrocarburíferas de la cuenca neuquina se destinaría exclusivamente al desarrollo de capacidades nucleares. Este mecanismo ya tiene precedentes en países petroleros que han usado la renta de recursos naturales para diversificar su matriz productiva (caso Noruega con su fondo soberano, o los Emiratos Árabes con su programa nuclear).

Participación de operadoras: Las empresas activas en Vaca Muerta (YPF, Tecpetrol, PAE, Vista, etc.) podrían participar como inversores del proyecto industrial de SMR a partir de incentivos fiscales y acceso prioritario a tecnología nuclear para sus futuras operaciones, ya sea en Argentina o en sus proyectos internacionales.

Potencial de financiamiento climático: Los SMR, al ser una tecnología de bajas emisiones, representan una oportunidad para que la Argentina intente acceder a nuevas líneas de financiamiento climático y bonos verdes. Si bien los bancos de desarrollo han sido históricamente reticentes a financiar proyectos nucleares, el actual paradigma de neutralidad tecnológica y la necesidad global de triplicar la capacidad nuclear para alcanzar las metas de descarbonización sugieren una ventana de apertura para proyectos modulares de menor escala y riesgo financiero.

6.2. Objetivo: Industrialización y Exportación

El plan no busca simplemente construir reactores para uso doméstico, sino consolidar a Argentina como productor y exportador global de tecnología SMR. Esto implica:

Escala productiva: Pasar del prototipo CAREM a una línea de producción serial de unidades ACR-300 en plantas industriales nacionales. Como documenta Zappino (2023), la serialización es clave para reducir costos y tiempos de fabricación.

Cadena de valor nacional: Desarrollo de proveedores metalmecánicos, de instrumentación y control, y de servicios de ingeniería asociados a la fabricación de componentes nucleares. Esto replica el modelo que convirtió a INVAP en exportador de reactores de investigación.

Mercado de exportación: Los SMR argentinos tienen potencial de aplicación en minería remota, islas energéticas, polos industriales de países en desarrollo, y zonas sin acceso a grandes redes eléctricas. El reporte de OECD-NEA (2024) sobre SMRs para minería identifica un mercado global significativo en Chile, Perú, Australia, Canadá y África subsahariana.

6.3. Soberanía Tecnológica como Estrategia de Largo Plazo

En este marco, la extraordinaria productividad de Vaca Muerta se posiciona como la palanca financiera estratégica para la capitalización del futuro energético argentino. Lejos de agotarse en el consumo presente, los excedentes generados por la exportación de hidrocarburos ofrecen una oportunidad histórica para reinvertir la renta de recursos no renovables en proyectos de infraestructura de largo plazo y alto valor agregado. La continuidad del sector nuclear requiere proyectos estructurantes que movilicen al ecosistema científico-tecnológico nacional durante décadas (Serquis y Stanckevicius,2025).

El esquema propuesto intenta resolver la tensión identificada por Hurtado (2022) en “Entre presiones y péndulos”: Argentina tiene las capacidades técnicas pero carece de la voluntad política y el músculo financiero para sostener proyectos de largo aliento. Al vincular estructuralmente la renta de Vaca Muerta con el desarrollo nuclear, se institucionaliza el financiamiento más allá de los ciclos políticos.

6.4. Circularidad Estratégica: De Vaca Muerta al mundo

La propuesta genera una lógica circular virtuosa:

1. Vaca Muerta genera divisas → exportación de hidrocarburos

2. Parte de esas divisas financian I+D y producción de SMR → fortalecimiento de CNEA/INVAP

3. Los SMR se exportan como tecnología → nueva fuente de divisas de alto valor agregado

4. Las capacidades industriales generadas traccionan otros sectores → metalurgia, electrónica, ingeniería de precisión

Este círculo convierte a Vaca Muerta no solo en un activo extractivo, sino en la palanca financiera de una transformación productiva hacia una economía del conocimiento. Como analiza el informe de la IEA (2025), los países que logran esta transición son aquellos que utilizan sus recursos naturales como plataforma de inversión en sectores de mayor complejidad tecnológica.

7. Dimensión Geopolítica y Percepción Social

La integración de SMR en nodos estratégicos como Vaca Muerta trasciende lo técnico; requiere una gestión política de la percepción del riesgo. Como advierte Baschar (2024), la construcción de “licencia social” a través de la transparencia y la federalización de los organismos de control es un requisito procedimental para cualquier expansión del sector. La experiencia internacional ratifica que el éxito de estos proyectos depende de la participación temprana de las comunidades y el cumplimiento de estándares globales de seguridad.

Geopolíticamente, el dominio del ciclo nuclear posiciona a Argentina como un actor central en la cooperación Sur-Sur. El programa nuclear no es solo generación eléctrica, sino un instrumento histórico de política exterior que permite la exportación de tecnología de alto valor agregado. Los SMR representan una oportunidad para consolidar un mercado regional, replicando el modelo de transferencia tecnológica que el país ya ha liderado con éxito en el pasado.

8. Conclusiones

La importancia de las centrales nucleares e hidroeléctricas para la transición argentina es absoluta: constituyen el sustento físico de la red y la garantía de autonomía tecnológica. Mientras la energía nuclear provee una base firme y descarbonizada, la hidroelectricidad aporta la flexibilidad y la inercia rotacional indispensables para la estabilidad frente a la intermitencia de otras renovables

La transición no debe ser un “reemplazo pasivo” de fuentes, sino una herramienta de política industrial. Capitalizar la renta de Vaca Muerta para financiar proyectos nucleares, permitiría transformar recursos no renovables en capacidades permanentes, resolviendo desafíos de la economía real desde una perspectiva soberana.

En última instancia, la energía nuclear y la hidroeléctrica posicionan a Argentina para liderar su propia transición energética desde una base de fortaleza acumulada. Abandonar estos sectores equivaldría a desmantelar un patrimonio científico-tecnológico que trasciende lo económico. Representa décadas de inversión estatal, formación de recursos humanos altamente especializados y desarrollo de múltiples capacidades industriales. La soberanía energética no reside solo en la disponibilidad de recursos, sino en la capacidad institucional y técnica para decidir con autonomía estratégica el rumbo energético nacional, aprovechando las trayectorias tecnológicas que el Estado consolidó a lo largo de su historia.

Fuentes consultadas Material de Cátedra

● Antúnez, J. L. (2025). La energía nuclear frente al cambio climático. Clase 4, Diplomatura en Energía y Soberanía. UMET-OCIPEX.

● Baschar, I. (2024). Oportunidades y desafíos locales e internacionales para el desarrollo de la energía nuclear. Clase 3, Diplomatura en Energía y Soberanía.

● Ferreyra Mora, J. S. (2024). Aprovechamientos hidroeléctricos: Aspectos técnicos e influencia en la matriz nacional. Clases 5 y 7, Diplomatura en Energía y Soberanía.

● Kempf, R. (2024). El renacer de la energía nuclear en el mundo. Clase 1, Diplomatura en Energía y Soberanía.

● Módulo 4 (2024). Transición en clave soberana: La energía nuclear y la energía hidroeléctrica. Documento de cátedra.

● Murguia Figueroa, E. J. (2024). Inercia rotacional y estabilidad del sistema eléctrico. Clase 8, Diplomatura en Energía y Soberanía.

● Serquis, A. C. (2024). Plan Nuclear Argentino. Clase 2, Diplomatura en Energía y Soberanía. Bibliografía

● Beck, U. (1992). La sociedad del riesgo global. Madrid: Siglo XXI Editores.

● Comisión Nacional de Energía Atómica (2023). Informe de gestión: período 2021-2023. CNEA.

● Giniger, N. y Kempf, R. (2022). Libre de Humo. Ensayo crítico sobre desarrollo, ambiente y emancipación. Buenos Aires: Cienflores.

● Gringauz, L. (2017). Consensos esquivos. Sobre la gestión de residuos radiactivos y combustibles nucleares gastados en Argentina.

● Hurtado, D. (2022). “Entre presiones y péndulos”. El Cohete a la Luna.

● Hurtado, D. y Harriague, S. (2017). “El sector nuclear en la Argentina”. En Dvorkin, E. (Ed.), Qué Ciencia quiere el país. Colihue.

● ICOLD-SPANCOLD. Declaración sobre Presas y Medio Ambiente.

● International Atomic Energy Agency (2024). Milestones in the Development of a National Infrastructure for Nuclear Power. IAEA Nuclear Energy Series No. NG-G-3.1 (Rev. 2).

● International Energy Agency (2025). The Path to a New Era for Nuclear Energy.

● Juncal, S. M. (2019). “La regulación y el control de la seguridad de presas en la Argentina”. Estado Abierto, Vol. 3, N.º 2. ORSEP.

● OECD-NEA (2024). SMRs for Mining: Opportunities and Challenges for Small Modular Reactors. NEA No. 7686.

● ORSEP (2020). Inventario de Presas Argentinas.

● Serquis, A. C. y Stanckevicius, N. (2025). “La continuidad del sector nuclear argentino”. En Dvorkin, E. (Ed.), Tecnología Propia. Colihue.

● Vallarino Cánovas del Castillo, E. Tratado Básico de Presas.

● Zappino, J. (2023). “Ingeniería y desarrollo en el sector nuclear”. Cuadernos del INAP, 4(125).

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