Autor: Matías Luna | Alumno de la Diplomatura
El mundo atraviesa una etapa marcada por la necesidad de mayor energía y que ésta, además, sea sustentable ambientalmente; una transición energética que promueva la descarbonización o al menos una reducción de las emisiones de CO2 producto del estrés ambiental que, las potencias globales han ocasionado durante el último siglo producto de un sistema de producción irracional sostenido en una lógica de consumo y de rentabilidad sin límites y que hoy requiere para sostenerse nuevas y mayores fuentes de energía.
Esta deshumanización en la producción fue advertida por el Presidente Juan Domingo Perón en “Economía Peronista”
“Una característica del capitalismo es que crece y ha crecido a costa de la explotación del hombre y de los recursos de la comunidad, sin ningún miramiento hacia su conservación o su mantenimiento en un estado saludable. La explotación sin freno con relación a los recursos es una cosa que indirectamente se observa en todas partes” (PERON: 1954),.
Ante este contexto, la ampliación, incorporación de tecnología y un acelerado desarrollo de formas de producción de energía (convencionales como verdes) de manera abundante y barata, conjugando equilibrio ambiental, explotación planificada de recursos naturales, y competitividad productiva para el crecimiento económico y social, surge como una oportunidad si, como país, aspiramos a alcanzar el desarrollo y fortalecer, simultáneamente la autonomía y la soberanía nacional.
En un mundo y un orden internacional en transición estas aspiraciones deben ser parte de la estrategia política para el fortalecimiento de Argentina y la defensa de sus intereses nacionales a fin que se pueda, como Estado, elevar el umbral de poder que nos permita avanzar en dirección al Desarrollo como Nación.
La manera en cómo se gestione este momento de reconfiguración internacional como así también el diseño y las políticas que se implementen – de las cuales la energética es esencial en la planificación del desarrollo nacional y las industrias- podremos pensar en la realización de una Insubordinación Fundante, en los términos que marca Marcelo Gullo o, de manera contraria, permanecer en una situación de dependencia y coloniaje.
Control y Alerta para no reiterar errores
Si bien, apriorísticamente, el concepto de una transición energética surge como una necesidad (a veces por sustentabilidad ambiental o por conveniencia económica de algunos actores); es necesario revisar la manera en que esta se presenta y cómo, algunas potenciales soluciones, en especial para países emergentes que cuentan con recursos naturales para apalancar este cambio, son promovidas por los países centrales, principales interesados en impulsar en la agenda global este cambio.
Distintos organismos, como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas plantean la necesidad de repensar el sistema de producción como los tipos de energía que se consumen para esta.
Es importante revisar algunas cuestiones , puesto que, detrás de esta preocupación común, aparecen los centros de poder, intentando conducir los procesos para, a fin de cuentas, socializar pérdidas y privatizar ganancias, volviendo a reproducir dominación geopolítica a través de “nuevas políticas” y exportación de tecnología, cancelando y criticando los mecanismos que los hicieron poderosos cuando éstos quieren ser utilizado por los “países subordinados”.
“A través de la propaganda ideológica, engendrada en algunas de sus universidades y difundida en todo el planeta por los medios de comunicación que controlan los países poderosos, procuran patear la escalera que ellos utilizaron primero para alcanzar sus respectiva autonomías nacionales y luego subir a la cúspide del poder mundial” (GULLO: 2019)
En este marco podemos ver que la transición energética y la demanda de energía (en especial las renovables) son una ventana de oportunidad si, desde el Estado se conduce el proceso con el objetivo de potenciar nuestras industrias y/o generar nuevas, promover empleo de calidad, auditando costos de producción para conocer de primera mano los valores reales de generación y con ello impulsar y promover sectores productivos estratégicos en función de los intereses nacionales.
A través de proyectos energéticos se puede promover un aumento de la producción y, simultáneamente, la reducción de asimetrías territoriales, fortaleciendo la integridad geográfica y la soberanía nacional.
“Si observamos la verdadera historia de los países que hoy conforman el centro del poder mundial se descubre que, generalmente, llegaron a construir su poder actual a través del impulso estatal en sus diferentes formas: los subsidio estatales – cubiertos o encubiertos – para las actividades científico-tecnológicas, las inversiones públicas, la protecciòn del mercado interno […] Hoy esos mismo países ocultan la importancia que en la construcción de sus respectivos poderes nacionales tuvo el impulso estatal, al mismo tiempo que critican, ridiculizan y hostigan a cualquier Estado de la periferia que quiera seguir los pasos que ellos mismos siguieron en su momento para alcanzar su actual situación de poder” (GULLO: 2019)
Sin embargo, en vista a la genealogía y desarrollo del capitalismo vernáculo y las condiciones globales en las que nuestro país se inserta hoy en el mercado internacional, con una dirigencia local y un gobierno nacional de fuerte subordinación ideológico-cultural al discurso de las potencias, se hace necesario alertar sobre las consecuencias que esta nueva ventana de oportunidad puede acarrear si no es conducido con una mirada estratégica y subordinada a los intereses soberanos.
“La subordinación ideológico-cultural produce en los Estados subordinados una «superestructura cultural» que forma un verdadero techo de cristal que impide la creación y la expresión del pensamiento antihegemónico y el desarrollo profesional de intelectuales que expresan ese pensamiento” (GULLO: 2019)
Es el Estado Nacional y un Gobierno con verdadera vocación nacional, confluyendo con las Provincias, quien debe conducir el proceso a fin de evitar la privatización del mismo o la balcanización de intereses – gran desafío en vista de lo dispuesto por la Constitución Nacional en su Artículo 124, acerca de la propiedad de los recursos naturales -.
Sin un diseño de políticas públicas a largo plazo, que ponga como piedra angular la acumulación de poder en favor de los intereses nacionales y el desarrollo argentino, esta coyuntura puede terminar convirtiéndose, como en otras oportunidades de la historia, en un nuevo saqueo y en la continuidad de la subordinación y dependencia de nuestro país, en lugar de generar las condiciones para una Subordinación Fundante, en los términos que describe Marcelo Gullo:
“Los Estados que se encuentran en la periferia de la estructura del poder mundial sólo pueden trocar su condición de «objetos», convirtiéndose en «sujetos» de la política internacional a partir de un proceso de insubordinación fundante. En el origen del poder de los Estados está, generalmente, presente el impulso estatal, que es el que provoca la reacción en cadena de todos los elementos que componen, en potencia, el poder de un Estado. Todos los procesos emancipatorios exitosos fueron el resultado de una adecuada conjugaciòn de una actitud de insubordinación ideológica hacia el pensamiento hegemónico y de un eficaz impulso estatal” (GULLO: 2019)
El Impulso Estatal: Mirar hacia atrás para forjar las próximas décadas
Es innegable el rol que ha tenido el Estado Argentino en el desarrollo y configuración de inversiones claves para nuestro país y el consecuente desarrollo de industrias, empresas, grandes infraestructuras y programas en sectores estratégicos como energía, comunicaciones, telecomunicaciones o defensa.
Desde los ferrocarriles y el telégrafo durante el periodo conservador, pasando por la creación de YPF e YCF durante los gobiernos radicales, la expansión de la industria, la infraestructura, la defensa y la energía durante los gobiernos Peronistas o el desarrollo petrolero durante el gobierno desarrollista, llegando hasta la reestatización de YPF, la culminación de Atucha II o el plan ARSAT, el Estado Nacional ha sido determinante en la configuración de la Argentina que conocemos; con capacidad y conocimiento técnico distinguido que en más de una ocasión ha puesto al país entre un grupos selectos de naciones, tal como es el caso del desarrollo nuclear.
En este somero repaso, no es posible obviar los grandes proyectos en materia de energía que, principalmente durante los gobierno justicialistas, se han propiciado y concretado con mirada estratégica y en función de los intereses soberanos. Entre estos se encuentra el Complejo Hidroeléctrico Salto Grande, en la Provincia de Entre Ríos, piedra angular en el sistema interconectado nacional. Aportando alrededor del tres por ciento de la energía que se consume en el país, regula frecuencia primaria y secundaria1 , función indispensable para el ingreso de energías renovables, como solar o eólica, al SADI
A diferencia de la energía eólica o solar, que son intermitentes, la hidroelectricidad puede generar energía de manera constante y predecible, actuando como un respaldo fundamental para cualquier sistema interconectado. Adicionalmente, producto de la capacidad de almacenamiento de energía potencial en el embalse, Salto Grande, como las demás hidroeléctricas pueden responder rápidamente a cambios en la demanda y proporcionar servicios auxiliares (como la citada regulación de frecuencia).
Sumado a todo esto, el Complejo Binacional, por medio de su anillo de interconexión, permite el transporte de la energía generada – propia o de otras centrales – y la importación/exportación de suministro entre países vecinos, siendo un nodo de interconexión privilegiado.
Además de ser una obra modelo, y la primera hidroeléctrica binacional – dado que se comparte su gestión y producción con la República Oriental del Uruguay – su existencia, calidad, ubicación y capacidad la constituyen en una herramienta estratégica para pensar y plantear, en la realidad, un modelo de transición energética que incluya energía eólica o solar, como así también, la posibilidad de desarrollar hidrógeno verde o plantas de combustible sintético – como la que hoy se intenta instalar en Paysandú – o proyectos tecnológicos que, aunque no sean relativos a la producción de energía, se constituyen en una oportunidad para inversiones en minería de datos o instalación de servidores que alimentan la demanda de servicios informáticos o procesamientos de IA.
Salto Grande, que sigue funcionando con altísimos niveles de disponibilidad a más de cuarenta años de su puesta en marcha, con probada capacidad técnica para su operación y mantenimiento, es un activo que permite liderar, en un mercado energético en permanente expansión, la tan mentada, transición energética, orientándola en favor de los intereses y el desarrollo nacional, a la vez que representa materialmente – como otras tantas inversiones estatales – el Impulso Estatal que sostiene Gullo.
Una inversión del Estado planificada y ejecutada en función de las necesidades y los intereses domésticos, geopolíticos y regionales; atendiendo, en este caso, a las demandas de los ciudadanos de la provincia de Entre Ríos y la zona para impulsar el desarrollo regional y territorial, aprovechando los recursos naturales de manera inteligente y eficiente; tal como está expresado en la letra fundante del acuerdo que dió origen a la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande, responsable de administrar el complejo hidroeléctrico homónimo “
…Animados del propósito de obtener el mayor beneficio de las disposiciones naturales que ofrecen los rápidos del río Uruguay, en la zona de Salto Grande, para el desarrollo económico, industrial y social de ambos países y, con el fin de mejorar la navegabilidad, aprovechar sus aguas para la producción de energía y facilitar la vinculación de sus comunicaciones terrestres, así como cualquier otro objeto que, sin menoscabo de los anteriores propósitos, concurra al enunciado beneficio común…” (ACUERDO CTMSG: 1946)
Mientras el Estado Argentino cuente y administre, con eficiencia técnica y claridad de objetivos, este tipo de empresas – como así también Yacyretá – podremos pensar en proyectos que permitan ganar influencia en a la región como así también ampliar el poder relativo en el mercado energético sudamericano, dado que Salto Grande puede ser el nodo de tráfico de energía del cono sur, desde el Atlántico al Pacífico y del Mar al Altiplano.
Este tipo de infraestructuras constituyen una pieza clave para pensar la transición energética en clave de desarrollo y la acumulación de poder, que nos acerque al umbral de poder dominante, y con ello la oportunidad para retomar el camino hacia esa Insubordinación Fundante que a lo largo de nuestra historia ha quedado trunca; reduciéndonos a una situación de subdesarrollo y coloniaje, hoy incluso, más palpable que en otras épocas.
Dificultades y Desafíos
Ante la actual coyuntura, la idea de “ruptura de cadenas” y construcción de soberanía, se ve jaqueada ante un discurso oficial y dominante abiertamente anti Estado; una cosmovisión que, con mayor o menor consenso, presenta apoyos pluriclasistas sostenidos que se cristalizan en políticas públicas que avanzan en desmantelar las capacidades institucionales del Estado en distintos sectores, incluso en los estratégicos como el energético. “
…el proyecto político neoliberal desplegará una creatividad infernal para fingir que dota al “mercado” de cualidades sobrehumanas…” (ALLIEZ-LAZZARATO: 2021)
A través de concesiones (Represas del Comahue) privatizaciones parciales (NASA) o venta de activos como IMPSA o TRANSENER, se consolida el retiro del Estado del control de recursos estratégicos y se refuerza una marco regulatorio, de por sí ya deficiente, favorable a empresas privadas y a la obtención de ganancias por encima de prestaciones de servicios de calidad y en función de las necesidades del país.
Avanzar en nuevas políticas que rompan la inercia y puedan restituir paulatinamente el terreno perdido, requerirá no solo un Programa de Gobierno sólido sino, fundamentalmente, de una fuerte legitimidad electoral y parlamentaria que permita implementar los proyectos que potencien la soberanía, en la inversión en energía podemos encontrar un puntal para ello.
La planificación será clave para lograr las inversiones críticas, planteando la producción de bienes y servicios estratégicos en manos del Estado para impulsar industrias de base y promover una nueva burguesía nacional. Así mismo, la integración territorial debe ser una prioridad, imposible continuar con la desarticulación existente, promoviendo una macrocefalia que localmente reproduce los esquemas de dominación centro periferia que a nivel global se imponen sobre nuestro país y demás países en vía de desarrollo.
Contamos aún hoy con vestigios, experiencias y talento para la construcción de una Nueva Insubordinación Fundante pero es indispensable ser conscientes de los condicionamientos internos y externos en materia económica (sobreendeudamiento) que Argentina tiene hoy, lo cual demandará convicción política y acuerdos amplios a la hora de financiar nuevos proyectos estratégicos que permitan mayores niveles de autonomía.
El compromiso de todas las partes será determinante para constituir un frente homogéneo a la hora de hacer frente a las asfixiantes negociaciones que están por delante; deberemos apelar a actores del sistema político, la Sociedad Civil, las organizaciones sindicales y el mundo empresarial, para ampliar esa base de sustentación.
Las condiciones y potencialidades para dar el puntapié inicial están dadas; restará que la decisión política y el deber con la defensa de los intereses nacionales prevalezca por encima de agendas sectoriales o de naciones extranjeras.
Bibliografía
● ALLIEZ, E; LAZZARATO, M. “Guerras y Capital, una contrahistoria”. Tinta Limón ediciones, Buenos Aires, 2021.
● COMISIÓN TÉCNICA MIXTA DE SALTO GRANDE. “Documentos y Antecedentes 1938 – 2020”. Buenos Aires, 2021.
● CONSTITUCIÓN NACIONAL. Ross Editorial. Rosario, 2005.
● GULLO, Marcelo. “La Insubordinación Fundantes. Breve Historia de la Construcción del Poder de las Naciones”. Editorial Biblos. Buenos Aires, 2019.
● PERÓN, Juan Domingo. “Economía Peronista”. Editorial Mundo Peronista, Buenos Aires, 1954 (Versión Digitalizada).

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