Trabajos destacados de la "Diplomatura en energía y sobernía" | 2da cohorte

¿Cuál es la importancia de las centrales nucleares e hidráulicas para la transición energética en Argentina?

Autor: Mateo Comari | Alumno de la Diplomatura

Introducción
En la actualidad nos encontramos ante una problemática global: el cambio climático y los efectos que este tiene sobre nuestras sociedades. Sequías, inundaciones, la superación año tras año de los peores eventos climáticos experimentados nos fuerzan a replantear la forma en que explotamos nuestros recursos naturales. Nuestro país, al igual que gran parte del mundo, ha adoptado
el compromiso de reducir sus emisiones de carbono y transicionar hacia una matriz energética más limpia. Esta transición, sin embargo, no puede basarse en un modelo enlatado y traído del exterior, simplemente erigiendo turbinas eólicas y paneles solares, sino que debe hacerse aprovechando todos los recursos y las capacidades tecnológicas del país para impulsar su desarrollo y el bienestar general de todos sus habitantes.

Las centrales nucleares e hidroeléctricas, construidas con esfuerzo por el pueblo
argentino, son piezas clave para llevar adelante una transición energética justa y soberana, al ofrecer energía limpia, asequible, federal y con alto contenido tecnológico nacional, capaces de impulsar un cambio en el modelo de
acumulación de nuestro país.


Acumulación y energía
La Argentina moderna, según Marcelo Rappaport (2008), ha tenido tres distintos modelos de acumulación desde el fin del proceso de consolidación del Estado Nación argentino hasta el inicio del siglo 21: el modelo agroexportador , iniciado durante la primer presidencia de Julio Argentino Roca y abatido por la crisis de los años ‘30; el modelo industrializador, iniciado durante dicha crisis y que comenzará a agonizar a manos del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” (y finalmente morirá durante la década del ’90), y por último el modelo de la renta financiera, iniciado durante la última dictadura cívicomilitar de nuestro país y que termina junto a la Convertibilidad.

Este último cambio de modelo tuvo como consecuencia la aparición del desempleo como una problemática estructural del país y en 1983 nos encontrábamos con la perdida en un 10% de la participación de la industria en el PBI respecto al gobierno de María Estela Martínez de Perón (Azpiazu, 2004). Si bien en el siglo 21 asistimos a un proceso de incipiente reindustrialización, la economía argentina depende nuevamente de la exportación de commodities (orgánicos o minerales) para mantener el equilibrio del comercio exterior.


Siguiendo el recorrido histórico de la matriz eléctrica argentina hecho por Adriano Furlán (2017), esta se muestra como reflejo del modelo de acumulación imperante.


Entre los años 50 y principios de los 70 nos encontramos ante una matriz basada principalmente el uso de combustibles líquidos (nacionales e importados), combinada con la planificación de obras de hidroelectricidad de alta potencia (tales como Salto Grande, Yacyretá y las centrales del Comahue), en zonas alejadas de los principales centros de consumo, así como la construcción de las
primeras centrales nucleares de América Latina. Estos proyectos, concebidos desde la presidencia de Juan Perón, constituyeron una política de Estado que, con matices, fue mantenida tras su derrocamiento tanto por dictaduras militares como por los gobiernos semidemocráticos de Arturo Frondizi y Arturo Illia.


Entre los años 1972 y 1996 tenemos una segunda etapa de diversificación, con tres ejes distintos: en primer lugar tenemos un proceso de desplazamiento en la generación térmica, con el reemplazo de los combustibles líquidos por el gas natural como combustible primario; en segundo lugar tenemos la entrada en operación de las centrales nucleares Atucha 1 y Embalse; y, por último, tenemos
la construcción y operación de las centrales hidroeléctricas nacionales del Comahue y las binacionales de Salto Grande y (parcialmente) Yacyretá, gracias a las cuales la capacidad instalada hidráulica pasa a representar el 45% del total (Furlán, 2017). Estas incorporaciones resultan en la generación térmica representando solo el 50% de la potencia instalada, su porcentaje histórico más
bajo.


Desde el año 1996, nos encontramos con una matriz eléctrica cuya expansión se da bajo una lógica de maximización de la renta en el corto plazo. Mediante la ley 24065/92, enmarcada en el proceso de reforma del Estado, se privatizan y concesionan los activos de las empresas SEGBA, AyEE, HidroNor, y además setrató de privatizar las centrales nucleares mediante una nueva empresa operadora, Nucleoeléctrica Argentina S.A. Esto llevó a que, al menos durante una década, no se realizaran obras de alta potencia que ampliaran el parque hidroeléctrico o nuclear y solo se ampliara la oferta eléctrica mediante la generación térmica, que posee menores costos de construcción y un retorno mucho más temprano de las inversiones.

Este impulso térmico se vio también amplificado por el régimen de la Convertibilidad: por un lado, esta (combinada a la apertura de importaciones) generó un retroceso en la actividad industrial al reducir su competitividad y, por lo tanto, el crecimiento de la demanda eléctrica no se vio reflejado en la actividad económica y pudo ser suplido por plantas de menor potencia; y por otro lado la paridad entre el peso argentino y el dólar estadounidense permitió a estas nuevas empresas retornos extraordinarios respecto a sus inversiones.


A partir de la crisis del 2001 y del fin de la Convertibilidad, el Estado recuperó un rol activo en la planificación y expansión de la oferta de energía eléctrica ante el crecimiento de la demanda industrial y hogareña. El Programa Nacional de Obras Hidroeléctricas y la reactivación del Plan Nuclear Argentino fueron parte de una nueva expansión de la oferta: se potenció Yacyretá gracias a la elevación
de la cota de su embalse, se construyeron nuevas represas de pequeña y mediana potencia y se iniciaron las obras para los aprovechamientos Hidroeléctricos Presidente Néstor Kirchner y Gobernador Jorge Cepernic (SRHN, 2012); en el frente atómico tenemos la construcción de Atucha II, cuya construcción estaba paralizada desde los años 90, el viraje de Nucleoeléctrica
de empresa privatizadora a constructora, el inicio de las obras para la extensión de vida de la central Embalse y la firma de convenios con China para la construcción de una nueva central nuclear.


Desde el año 2015, a partir de la presidencia de Mauricio Macri, nos encontramos nuevamente en un contexto de fuerte cuestionamiento al Estado planificador, y la iniciativa privada ha vuelto a ser el faro director del sector eléctrico en Argentina. Las obras para las centrales Presidente Néstor Kirchner y Jorge Cepernic y el CAREM sufrieron paralizaciones intermitentes y recortes presupuestarios; el Régimen de Fomento de las Energías Renovables estableció grandes beneficios para las generadoras solares y eólicas, que se mantuvieron durante el gobierno de Alberto Fernandez. Durante el gobierno de Javier Milei nos encontramos ante una (mayor) liberalización de la generación, transporte y distribución eléctrica, la reprivatización de la centrales hidroeléctricas, el aumento de las tarifas eléctricas y la reducción de subsidios para los hogares.

Costos

De esta recapitulación de los distintos modelos de acumulación y la relación que estos tienen con la matriz energética argentina, las centrales nucleares e hidroeléctricas resultan de vital importancia para el abaratamiento de la tarifa eléctrica no solo de los hogares, sino también de las industrias.

En su último informe anual, CAMMESA (2025) reporta que el precio monómico (la sumatoria de todos los costos sobre el total de energía consumida) de la energía eléctrica fue de 74,6 u$s/MWh. La energía térmica, cuya oferta es el 51,4% del total eléctrico, aporta 42,8 u$s/MWh (la mitad de sus costos provienen de los distintos combustibles que utilizan las plantas), el 66% del precio final, mientras que las energías hidroeléctrica (el 22,7% de la oferta) y nuclear (4,71%) aportan solamente 3,64 u$s/MWh (4,87%) y 4,71u$s/MWh (6,31%) al mismo. Las otras energías renovables, que representan el 15,6% de la oferta eléctrica, agregan 11u$s/MWh, el 14,7% del precio monómico, mientras que las importaciones de energía eléctrica (3,17%) agregaron 2,41u$s/MWh (3,23%).

En pesos argentinos, el precio estacional (determinado por la Secretaría de Energía de la Nación) promedio del año 2024 fue de 43747 $ar/MWh, y el monómico fue de 68994 $ar/MWh, lo que significa que los usuarios finales cubrieron el 63,4% de la tarifa. Ahora bien, cada tipo du usuario (residencial, comercial, industrial) recibe una tarifa distinta, variando así la cobertura de la tarifa por cada tipo de uso: los usuarios residenciales tuvieron un PEST medio de 30657$ar/MWh, dentro del cual se incluye la segmentación tarifaria por tipo de usuario residencial (por lo cual usuarios de tipo N1 tienen una cobertura de 86% y los N2 una cobertura de 21%), con una cobertura del 44%, para los usuarios comerciales el PEST medio fue de 59102$ar/MWh, con una cobertura del 86%; y ,finalmente, los industriales tuvieron un PEST medio de 59806$ar/MWh, una cobertura del 91%.

¿Por qué resulta relevante esto? Dado que tanto la energía nuclear como la hidroeléctrica son más baratas en comparación con la solar y la eólica, y que no tienen emisiones de carbono en el proceso de generación eléctrica, resulta deseable impulsar la expansión de estas dos formas de generación. Si retomamos los precios monómicos que se mencionaron anteriormente, una matriz eléctrica compuesta principalmente de energía hidroeléctrica (propongamos una oferta del 40%) y nuclear (propongamos un 18%), un 16% de energías renovables (tal como las define la ley 27191/2015), un 3,17% de importación, y un 23% de generación térmica nos daría un precio monómico final de 61,1u$s/MWh. Esto permitiría aumentar la cobertura de la tarifa por parte de los usuarios residenciales sin que esto represente algún perjuicio económico para los mismos, o un aumento de los subsidios al consumo eléctrico por parte del Estado Nacional.

Esta tarifa reducida además permitiría también reducir los costos de producción y operación a los usuarios comerciales e industriales, permitiendo que sus productos tengan precios más competitivos tanto en el mercado interno como en el internacional. A esto le podemos sumar la competitividad que estos productos argentinos ganan frente a políticas tales como el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (MAFC) de la Unión Europea, que penaliza las importaciones de países cuya matriz energética hace un uso más intensivo de los combustibles fósiles.

Retorno energético y disponibilidad

Otro de los motivos por los que la energía hidroeléctrica y atómica resultan de vital importancia para la matriz energética argentina es su mayor Tasa de Retorno de Energía (TRE) (Roger, 2019; Murphy y Hall, 2010). Esta TRE expresa una relación entre la cantidad de energía que un recurso puede proveer y la cantidad de energía necesaria para producirla, y cuyo calculo puede incluir variables tecnológicas, económicas y temporales dependiendo del propósito y profundidad de la investigación. Si 1000m3 de gas natural convencional proporcionan 3000 MJ, pero se consumen 300 MJ en su producción, quedan unos 700 MJ de energía neta, dándonos una tasa de 10 a 1. Según los datos que brindan Murphy y Hall (2010), la TRE de la energía hidroeléctrica es de 100:1, la de la energía nuclear es de entre 15:1 y 5:1, mientras que la TRE del gas es de 10:1. Si, además, queremos añadir la transformación a energía eléctrica, vemos que la energía hidroeléctrica tiene un aprovechamiento de entre el 95% y 85%, mientras que en la generación térmica el máximo es del 70% en centrales de ciclo combinado y que utilizan gas natural como combustible.

Según el Balance Energético Nacional de la Secretaría de Energía (2025), para generar 11053kTEP de energía eléctrica en el año 2024 se consumieron un total de 21811kTEP de distintas fuentes de energía: 12667kTEP de gas natural, 3228kTEP de energía hidráulica, 2900kTEP de energía nuclear, 1390kTEP de energía eólica, 339kTEP de energía solar, y 1288kTEP proveniente de otras fuentes. En total, los hidrocarburos representan el 63,5% de la energía “consumida” en la matriz eléctrica argentina, donde el gas natural lidera con el 58,1% del total nacional. Si tomamos en cuenta que, como se mencionó previamente, la transformación máxima que las generadoras térmicas es del 70%, el máximo valor posible de uso del gas natural fue de 8867KTEP. Esta composición de nuestra matriz eléctrica nos fuerza a producir más energía sin que eso implique un saldo energético neto positivo para la sociedad.

A la ineficiencia de la generación térmica debemos agregar dos problemas más que se ven atenuados con la generación hidroeléctrica y nuclear: por un lado, según Roger (2019), los equipos térmicos poseen un bajo nivel de integración tecnológica nacional, en parte debido a que en el proceso de toma de decisiones de las empresas predomina la maximización del retorno de las inversiones, directiva desconectada de los intereses del desarrollo nacional, mientras que los aprovechamientos nucleares e hidroeléctricos (fruto de concepciones soberanistas a lo largo del modelo de acumulación industrialista) cuentan con un alto grado de integración tecnológico nacional, que permiten no solo reducir el uso de divisas en combustibles, sino que reducir también el uso de estas en la importación de equipos y maquinaria extranjera. En segundo lugar, estos equipos térmicos tienen una menor disponibilidad de su potencia instalada en comparación a la hidroeléctrica: según Cammesa (2025), la generación térmica tuvo una disponibilidad media del 74% (80% en el caso del ciclo combinado), mientras que la de la hidráulica de alta potencia fue de 87,8%, y la de la nuclear fue del 67,8%.

Pese a que puntualmente en Argentina la generación nuclear presenta una menor disponibilidad de potencia, nuestras centrales nucleoeléctricas presentan ventajas que no se poseen en otros países: primeramente, Argentina domina de forma íntegra (salvo el minado y producción de concentrado de uranio (U3O8), capacidad que se perdió en la década de 1990) el ciclo nuclear, contando con la capacidad de producir el moderador, refinar el combustible, construir y operar centrales nucleares y reactores experimentales; en segundo lugar, las tres centrales utilizan agua pesada (D20) como moderador, que puede ser producido de forma local en la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP). En condiciones ideales, estas dos condiciones le permitirían al sector nuclear argentino menores repercusiones ante los vaivenes de la política y conflictos internacionales.

Conclusiones

Nuestro país ha asumido determinados compromisos con el resto del mundo para enfrentar esta crisis climática, pero no podemos reducir nuestras emisiones de CO2 a costa del desempleo del pueblo argentino o bajar nuestra calidad de vida, tenemos que alcanzar estas metas desarrollando nuevas industrias, brindando energía limpia y más barata a nuestros consumidores, nuestras industrias y posiblemente a nuestros vecinos. Las centrales hidroeléctricas y nucleares permiten electricidad barata, segura, confiable y poseen altos niveles de integración tecnológica. La defensa de este patrimonio es crucial a la hora de construir un país que pretenda dejar las cadenas del subdesarrollo y que busque garantizar a su pueblo una vida digna.

Bibliografía

⎯ Azpiazu, D. y otros. (2004). El nuevo poder económico. Buenos Aires: Siglo XXI

⎯ CAMMESA. (2025). Informe Anual 2024, Mercado Eléctrico Mayorista. Recuperado de https://cammesaweb.cammesa.com/variablesrelevantes-del-mem-resumen-anual/

⎯ Furlán, A. (2017). La transición energética en la matriz eléctrica argentina (1950-2014). Cambio técnico y configuración espacial. Revista Universitaria de Geografía, 26 (1), 97-133.

⎯ Murphy, D. J., y Hall, C. A. S. (2010). Year in review—EROI or energy return on (energy). Annals of the New York academy of sciences, 1185, 102-118. Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/41421151_Year_in_reviewEROI_or_energy_return_on_energy_invested

⎯ Rapoport, M. (2008). “Mitos, etapas y crisis en la economía argentina”. Buenos Aires: Imago Mundi.

⎯ Roger, D. D. (2019). Una nueva matriz energética para Argentina: rentas termodinámicas y desarrollo industrial, tecnológico y científico. Realidad económica, 48(328), 27 a 58.

⎯ Secretaría de Energía (2025). Balance energético nacional. Recuperado de https://www.argentina.gob.ar/econom%C3%ADa/energ%C3%ADa/plane amiento-energetico/balances-energeticos

⎯ Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación (SRHN). (2012). Política Hídrica: Programa Nacional de Obras Hidroeléctricas 2025. Recuperado de https://cdi.mecon.gob.ar/bases/docelec/fc1303.pdf

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